Aprendos Podcast

Nivel B2

Viví en la ciudad más alta del mundo

Oro, frío y muy poco oxígeno a más de cinco mil metros en el Perú

Sebastián entrevista a Wilber, un minero de Puno que pasó once años buscando oro en La Rinconada, el asentamiento permanente más alto del mundo. Wilber le explica cómo funciona el cachorreo y qué le hace la altura al cuerpo, y los dos discuten si ese sistema es una trampa o una oportunidad.

↓ Descarga el PDF para imprimir

Palabras clave

Estas palabras aparecen en el episodio. En la transcripción, pasa el ratón o toca una palabra marcada para ver qué significa.

cargarverbo
Llevar algo pesado, normalmente en los brazos o en la espalda.
Ayer cargué las maletas de mi abuela hasta el quinto piso porque el ascensor no funcionaba.
fiarverbo
Venderle algo a alguien y dejar que lo pague más tarde.
El dueño del bar me conoce desde niño y a veces me fía el café hasta final de mes.
la trampasustantivo
Algo que parece una buena idea, pero que está preparado para engañarte o hacerte perder.
La oferta del móvil gratis era una trampa, porque luego te cobraban veinte euros al mes.
resbalarverbo
Deslizarse sin querer sobre una superficie mojada o con hielo y perder el equilibrio.
Cuidado con el suelo del baño, que está mojado y es muy fácil resbalar.
jadearverbo
Respirar rápido y con fuerza porque te falta el aire después de un esfuerzo.
Llegué al andén jadeando, pero el tren ya se había ido.
espesoadjetivo
Denso, que no corre con facilidad, como la miel.
Esta mañana había una niebla tan espesa que no se veía el final de la calle.
derretirseverbo
Pasar de sólido a líquido por el calor, como el hielo o la mantequilla.
Dejé el helado en el coche y cuando volví ya se había derretido.
enterrarverbo
Poner algo debajo de la tierra y taparlo.
Mi perro entierra los huesos en el jardín y luego no se acuerda de dónde.
el derrumbesustantivo
Caída repentina de un edificio, de un túnel o de una parte de una montaña.
Después de las lluvias hubo un derrumbe y la carretera estuvo cortada dos días.
empeorarverbo
Ponerse peor o más grave.
Si no vas al médico, esa tos puede empeorar.
dignoadjetivo
Suficiente para vivir con respeto y sin pasar necesidades.
Muchos jóvenes se van al extranjero porque aquí no encuentran un trabajo digno.
ahorrarverbo
Guardar dinero sin gastarlo para poder usarlo en el futuro.
Estoy ahorrando para irme de viaje a México el verano que viene.
creídoadjetivo
Que se cree mejor o más importante que los demás.
Desde que sale en la tele, mi vecino está muy creído y ya no saluda a nadie.
el mareosustantivo
Sensación de que todo da vueltas y de que te vas a caer.
En los barcos siempre me dan mareos, así que prefiero viajar en avión.
la cuestasustantivo
Calle o camino con mucha pendiente, que sube o baja.
Vivo al final de una cuesta y, cuando vuelvo en bicicleta, llego a casa agotado.

¿Lo has entendido?

Elige la respuesta correcta.

1. ¿Cómo funciona el cachorreo clásico que tenía Wilber?

2. ¿Por qué decidió Wilber subir a La Rinconada en 2012?

3. ¿Qué le dijo la doctora a Wilber sobre su sangre?

4. ¿Por qué Yeny no trabajaba dentro de los túneles?

5. ¿Qué impresionó a Wilber su primer día en Juliaca?

Actividad 1

¿Cuál sobra?

En cada grupo hay una palabra que no encaja. Encuéntrala y piensa por qué.

1.

2.

3.

4.

Actividad 2

Palabras que van juntas

Une cada expresión con la palabra de la lista que suele ir con ella. Dos palabras sobran.

un sueldo
caer en la
nieve
una niebla
subir la
sufrir

Wilber sufría mareos, subía la cuesta de su casa sin aire y soñaba con un sueldo digno. ¿Y tú? Usa una pareja en una frase sobre tu propia vida.

Actividad 3

Tu turno

Wilber y Sebastián no se ponen de acuerdo. ¿El cachorreo es una trampa o una oportunidad? Da tu opinión en cuatro o cinco frases. Usa al menos tres palabras de la lista.

Tu texto se guarda en este dispositivo.

Para mí, el cachorreo es una trampa, aunque entiendo a Wilber. Trabajas un mes entero sin cobrar, y si ese día no cargas una buena piedra, no puedes ahorrar nada. Además, te juegas la vida en túneles donde hay derrumbes. Yo preferiría un sueldo digno con seguro, aunque fuera pequeño. Eso sí, si en mi pueblo ganara una miseria, quizás también subiría a probar suerte.

Transcripción completa

Mostrar la transcripción
Wilber
El día treinta y uno me levanté a las tres de la mañana. No había dormido nada.
Sebastián
¿Por los nervios?
Wilber
Por los nervios y por el frío. Ese día, todo lo que podías en la espalda era tuyo.
Sebastián
¿Y cuánto cargaste?
Wilber
Casi cuarenta kilos de piedra, y bajé del socavón temblando, con la espalda hecha pedazos.
Sebastián
¿Y cuánto oro había adentro?
Wilber
Casi nada, pe. Ni para el pasaje a Juliaca.
Sebastián
Esto es Aprendos en español, nivel B2. Soy Sebastián. Mi invitado de hoy pasó once años en La Rinconada, en el sur del Perú, el asentamiento permanente más alto del mundo. Wilber Condori tiene treinta y ocho años y nació en Puno, a orillas del lago Titicaca. Allá arriba trabajó durante años en las minas de oro.
Wilber
Hola, Sebastián. Gracias por invitarme, aunque aquí abajo me sobra el aire para hablar.
Sebastián
Pará, pará. ¿Treinta días trabajando y te pagaban con piedras?
Wilber
Así funciona el cachorreo. Trabajas unos treinta días para el contratista, el dueño de la labor, y en ese mes no te paga nada. Al final te dan un día, y lo que sacas ese día, lo que puedas cargar, es para ti.
Sebastián
¿Todo el mes gratis? ¿Y la comida, el alquiler?
Wilber
Todo sale de tu bolsillo, o de lo que te en la tienda hasta el día de la piedra. Hay contratos con más días para ti, veinticinco y cinco, por ejemplo, pero el mío era el clásico.
Sebastián
Mirá, a mí eso me suena a una lotería…
Wilber
…con , ya sé. A mucha gente de afuera le suena así, y no les falta razón. Pero cuando te toca una buena veta, en un solo día puedes ganar lo que en Puno ganabas en medio año.
Sebastián
¿Y a vos te tocó alguna vez?
Wilber
Dos veces en once años, y la primera vez me compré un colchón de verdad y una frazada de alpaca.
Sebastián
¿Nada más? Yo me imaginaba una moto, por lo menos.
Wilber
Arriba, una buena frazada vale más que una moto, créeme.
Sebastián
Vamos al principio. ¿Por qué se va a vivir a cinco mil metros un chico de Puno?
Wilber
Por el oro y por mi primo Edwin. En dos mil doce el oro estaba carísimo, y todo el mundo hablaba de La Rinconada. Edwin bajaba a Puno con zapatillas nuevas y un celular que yo solo había visto en la tele. Yo tenía veinticuatro años y vendía cebollas con mi mamá en el mercado. Así que un día metí dos frazadas en una bolsa y subí con él.
Sebastián
¿Y cómo se llega? ¿Hay ruta?
Wilber
Desde Juliaca son varias horas de carretera, y ahora está casi toda asfaltada. En mi época los últimos tramos eran de tierra, con hielo y piedras, y la combi como en patines.
Sebastián
¿Y qué ves cuando llegás? Contame la primera imagen.
Wilber
Primero ves el glaciar, blanquísimo, encima de todo. Y debajo aparece el pueblo, miles de casitas con techo de calamina…
Sebastián
…¿calamina? ¿Chapa de metal?
Wilber
Eso, chapa. Son casitas pegadas a la montaña, como si alguien las hubiera tirado desde un avión. Casi no tienen ventanas, porque cada ventana es un agujero por donde se mete el frío.
Sebastián
Leí que el glaciar tiene un nombre de princesa, ¿no?
Wilber
La Bella Durmiente. Así la llaman los mineros, aunque su nombre antiguo es Auchita.
Sebastián
¿Y se despierta alguna vez?
Wilber
Ojalá no. Si se despierta, se acaba el pueblo.
Sebastián
Hablemos de la altura, porque yo tengo un trauma. Viví tres meses en Bogotá, a dos mil seiscientos metros, y el coworking estaba en un cuarto piso sin ascensor. Yo llegaba arriba , con los colombianos mirándome como si viniera de correr una maratón.
Wilber
¿Dos mil seiscientos? Eso es la playa, causa.
Sebastián
¡Para mí era el Everest!
Wilber
La Rinconada está a unos cinco mil cien metros, y algunas casas están todavía más arriba. Allí respiras más o menos la mitad del oxígeno que respirarías en Lima. La primera semana me dolía la cabeza día y noche, y no podía dormir…
Sebastián
…¿y eso se te pasó?
Wilber
El dolor fuerte, sí, después de unas semanas. Lo que nunca se me pasó fue lo del sueño. Te despiertas a las dos de la mañana ahogándote, como si alguien te apretara el pecho. Entonces tienes que sentarte en la cama y esperar hasta que vuelve el aire.
Sebastián
Sobre eso leí algo que te va a interesar. Unos científicos franceses de Grenoble fueron allá, liderados por un investigador que se llama Samuel Vergès. Lo llamaron Expedición cinco mil trescientos, y la primera gran campaña fue en dos mil diecinueve.
Wilber
¡Los franceses! Yo los conocí, pe.
Sebastián
¿En serio? ¿Te hicieron pruebas?
Wilber
Me sacaron sangre y me hicieron caminar seis minutos por un pasillo, mientras una chica apuntaba todo en una tablet. Una noche, además, dormí con unos cables en el dedo para medir el oxígeno. Como me pagaban el desayuno, yo estaba feliz.
Sebastián
Entonces es posible que tus datos estén en ese estudio. Midieron la hemoglobina, que es lo que lleva el oxígeno en la sangre. Adiviná cuánto tenían de promedio los vecinos.
Wilber
No, adivina tú. Tú eres el que leyó.
Sebastián
Bueno, a ver... Un hombre normal, al nivel del mar, tiene unos quince gramos por decilitro. ¿Ustedes tendrían diecisiete?
Wilber
Más, más.
Sebastián
Según el estudio, más de veinte, y los que tenían mal de montaña crónico…
Wilber
…yo era de esos, seguro.
Sebastián
Llegaban, de media, a veintitrés.
Wilber
Yo andaba por ahí, y la doctora me dijo que mi sangre era como una mermelada.
Sebastián
¿Mermelada? ¿Y eso qué significa para el cuerpo?
Wilber
Que el corazón trabaja muchísimo más para mover esa sangre tan espesa. A mí se me ponían los labios morados y los dedos casi azules. Además, me zumbaban los oídos cada vez que subía la de mi casa.
Sebastián
Hay un dato del estudio que me dejó helado. De noche, mientras dormían, la gente de allá tenía el oxígeno en la sangre alrededor del setenta y nueve por ciento. En un hospital de Buenos Aires, con ese número, te ponen oxígeno al toque.
Wilber
Y nosotros subíamos a trabajar a la mañana siguiente, como si nada.
Sebastián
¿Y cuánta gente sufre ese mal?
Wilber
Dicen que uno de cada cuatro, más o menos, aunque es difícil contar bien en un lugar así.
Sebastián
Los científicos escriben que esa altura está probablemente cerca del máximo que el ser humano aguanta sin problemas graves de salud.
Wilber
No me sorprende, porque allá arriba el cuerpo te avisa todos los días.
Sebastián
¿Y hay cura?
Wilber
La cura es bajar, y por eso vivo ahora en Juliaca, a casi cuatro mil metros. Para mí, esto ya es la playa.
Sebastián
Tu playa y la mía no se parecen en nada.
Wilber
La mía tiene menos arena, eso sí.
Sebastián
Contame cómo era un día normal en el socavón, desde que te levantabas.
Wilber
A las cinco ya estábamos en la bocamina, que es la entrada del túnel. Afuera podía hacer quince bajo cero en una noche de invierno. Adentro, en cambio, la temperatura es más estable, y a veces hasta sudas.
Sebastián
¿Adentro hace calor? No me lo esperaba.
Wilber
Calor es mucho decir. Hace menos frío, aunque el problema allí es el aire, que es poco y está lleno de polvo. Por eso muchos mineros terminan enfermos de los pulmones. Yo mascaba hoja de coca todo el día, como casi todos, para aguantar el hambre y el cansancio.
Sebastián
¿Y cómo sacan el oro de la piedra? ¿Con máquinas?
Wilber
Primero muelen la piedra, y después la mezclan con mercurio, que atrapa el oro y forma una bolita gris. Luego queman esa bolita, el mercurio se va en humo…
Sebastián
…pará, ¿y ese humo adónde va?
Wilber
Al aire que respiras, y después a la nieve y al agua. Ahí está lo que más me duele de todo.
Sebastián
¿Por el agua que toman?
Wilber
Por eso también, porque allá no hay agua potable ni desagüe. Juntábamos agua de lluvia o de nieve en bidones azules, y nunca sabías qué traía. Pero lo que más me duele es otra cosa. Esa agua baja por los ríos hacia el Titicaca, el lago donde yo aprendí a nadar.
Sebastián
Uf. O sea, lo que quemabas arriba te llegaba a casa.
Wilber
A la casa de mi mamá. Nunca lo había pensado así hasta que me lo explicó un ingeniero de una ONG.
Sebastián
Y sin desagüe, ¿dónde iba... todo lo demás?
Wilber
A la calle o a los costados del pueblo. Como tampoco recogen la basura, la gente la quema o la donde puede. En verano, cuando se derrite un poco la nieve, el olor es terrible.
Sebastián
Hablemos de números, porque leí cosas muy distintas. ¿Cuánta gente vive ahí?
Wilber
Depende de a quién le preguntes.
Sebastián
Te pregunto a vos.
Wilber
Yo te digo que, cuando el oro sube, llega gente de todo el Perú y de Bolivia, y el pueblo se llena. Cuando baja, la gente se va, así que nadie lo sabe exacto, pe.
Sebastián
Según lo que encontré, el último censo contó a menos de quince mil personas en todo el distrito. Los científicos franceses hablan de cincuenta mil, y en algunos artículos he visto hasta setenta…
Wilber
…¿setenta mil? Eso ya es exagerado. Ni en la fiesta del pueblo había tanta gente.
Sebastián
Ahí te creo más a vos que a los periodistas.
Wilber
Haces bien.
Sebastián
¿Y tu familia? ¿Subió con vos o se quedó en Puno?
Wilber
Mi esposa, Yeny, subió al segundo año, pero nuestra hija Nayeli se quedó con mi mamá en Puno para ir al colegio. La veíamos solo una vez al mes. Eso fue lo más duro de todo, más duro que el frío y que la falta de oxígeno.
Sebastián
¿Y Yeny qué hacía arriba? ¿También trabajaba en la mina?
Wilber
Dentro de los túneles casi no dejan entrar a mujeres, por una creencia antigua: dicen que la mina se pone celosa. Por eso Yeny trabajó un tiempo como pallaquera.
Sebastián
¿Pallaquera? Esa palabra no la conozco.
Wilber
Son las mujeres que buscan oro en el desmonte, la montaña de piedra que los mineros tiran por inútil. Se pasan horas de rodillas, con un martillito…
Sebastián
…¿con ese frío?
Wilber
Con ese frío y con los dedos helados, rompiendo piedra por piedra.
Sebastián
¿Y encuentran algo?
Wilber
A veces unos granitos. Yeny decía que su trabajo era más difícil que el mío, y tenía razón, aunque yo nunca se lo dije.
Sebastián
Ahora ya se lo dijiste, porque seguro que nos escucha.
Wilber
Uy. Eso me lo va a recordar toda la vida.
Sebastián
Me dijiste que el cachorreo tiene su lado bueno, y te lo discuto, ¿eh? Trabajar un mes gratis y depender de la suerte de un solo día... Para mí, es un sistema pensado para que gane siempre el contratista.
Wilber
Es verdad que el contratista gana más, pero tú piensas como alguien de ciudad, con sueldo fijo. En Puno, con sueldo fijo, yo ganaba una miseria segura. En La Rinconada tenía una miseria con posibilidades.
Sebastián
Una miseria con posibilidades... Suena lindo, pero…
Wilber
…es que así se vive allá. Hace unos años salió en un diario que muchos mineros prefieren el cachorreo antes que un sueldo. Yo conozco a varios.
Sebastián
Porque nadie les ofreció un sueldo , Wilber. Si mañana les ofrecen un contrato con seguro y un salario de verdad, ¿cuántos se quedan con la piedra?
Wilber
Algunos más de los que tú crees. Esa es la fiebre del oro, causa: aunque lleves años sin suerte, siempre crees que mañana llega tu veta.
Sebastián
Tengo que preguntarte por la seguridad, porque leí que hay muchos accidentes.
Wilber
Muchos. Los túneles no siempre están bien hechos, y a veces hay o gases. En dos mil dieciséis perdí a un amigo, a Julio, en un derrumbe. Tenía veintinueve años.
Sebastián
Lo siento mucho, Wilber.
Wilber
Gracias. Después de eso, cada mañana en la bocamina le pedía permiso a la montaña antes de entrar. Muchos lo hacen, con hojas de coca y un poquito de alcohol para la Pachamama.
Sebastián
¿Y fuera de la mina? Porque también se habla mucho de delincuencia.
Wilber
Hay zonas donde de noche no caminas solo, y si llevas oro, menos todavía. El año pasado la violencia tanto que la Corporación Minera Ananea paró todo en octubre…
Sebastián
…¿paró todo? ¿Cerraron la mina?
Wilber
Casi dos meses. Mi hermano sigue allá, y bajó con cientos de mineros y sus familias a marchar hasta Puno. Pedían que abrieran otra vez, porque sin trabajo no comían. Recién en diciembre volvieron a trabajar, pero con más controles.
Sebastián
Tu mamá no dormiría tranquila.
Wilber
Ni mi mamá ni la mamá de nadie, pe.
Sebastián
Bueno, necesito algo más alegre. ¿Qué hacían para divertirse a cinco mil metros?
Wilber
¡Fútbol! Hay canchas de tierra congelada, y cada domingo había partido.
Sebastián
¿Fútbol? Si yo en Bogotá no podía ni subir la escalera.
Wilber
Por eso los equipos que vienen de afuera casi nunca nos ganan allá arriba. Una vez vino un equipo de Arequipa, muy , con camisetas nuevas…
Sebastián
…y los golearon.
Wilber
Al segundo tiempo estaban tirados en el pasto, respirando como pescados.
Sebastián
¿Pasto? ¿Hay pasto a cinco mil metros?
Wilber
Bueno, tirados en el suelo congelado. Pasto no hay, me corrijo. Hay piedras y mucho orgullo.
Sebastián
Me encanta. ¿Y cuánto ganaron?
Wilber
Cinco a uno. Y el gol de ellos fue de penal, que conste.
Sebastián
¿Y cómo terminó tu historia allá? ¿Por qué bajaste?
Wilber
Por la sangre de mermelada. En dos mil veintitrés empecé a tener fuertes y la presión rara. Un médico de Juliaca me lo dijo muy claro: si quería conocer a mis nietos, tenía que bajar.
Sebastián
Y bajaste.
Wilber
Bajé con Yeny, con dos bolsas y la frazada de alpaca. Con lo que , abrimos un puesto de api con pan en Juliaca, frente al terminal.
Sebastián
¿Api? Explicame qué es, porque en Buenos Aires API es una cosa de programadores.
Wilber
Es una bebida caliente y espesa de maíz morado, con canela y clavo. En Puno la tomamos en el desayuno, con un buñuelo o un pan. Es como un abrazo en un vaso.
Sebastián
Esperá, adivino. ¿Tu primer día en Juliaca te diste una ducha de una hora?
Wilber
No, fue algo mucho más tonto: abrí el caño de la cocina y salió agua.
Sebastián
¿Nada más?
Wilber
Nada más. Me quedé mirándolo como un zonzo, y Yeny se reía de mí. Once años juntando nieve en bidones, y de repente el agua llega sola.
Sebastián
¿Y la Bella Durmiente? ¿La extrañás?
Wilber
A veces, aunque la última vez que la vi estaba más chica y más gris. Los viejos del pueblo dicen que se está yendo, y yo creo que tienen razón.
Sebastián
¿Y volverías a subir?
Wilber
De visita sí, para ver a mi hermano, siempre que lleve un tubito de oxígeno y un termo de api.
Sebastián
Wilber, la última. ¿Qué le dirías a alguien que piensa subir a buscar oro?
Wilber
Que suba con un trato claro y con dos frazadas. Que no le prometa a nadie una moto el primer mes. Y que mire bien la montaña, porque la montaña da, pero también cobra.
Sebastián
La montaña da y cobra... Igual el cachorreo sigue sin convencerme, ¿eh?
Wilber
Porque nunca cargaste tu propia piedra, causa.
Sebastián
Ni me hace falta cargarla para ver que el contratista…
Wilber
…ya, ya, mejor paramos aquí.
Sebastián
Mejor paramos, sí. El veredicto es suyo: ¿el cachorreo es una trampa o una oportunidad? Voten en los comentarios.
Wilber
Y piensen en la frazada antes de contestar.
Sebastián
La charla con Wilber, entera y con las palabras más difíciles, está gratis en un archivo PDF debajo del video. Wilber, gracias por bajar a hablar con nosotros.
Wilber
Gracias a ti, causa. Si pasan por Juliaca, el api va por mi cuenta.
Sebastián
Y ustedes, si quieren más charlas así, suscríbanse a Aprendos Español. ¡Nos vemos!

¿Quieres más historias de tu nivel?

Aprendos tiene cientos de episodios de podcast con ejercicios que se adaptan a ti.

Prueba Aprendos gratis