Aprendos Podcast

Nivel C1

El Maracanazo

El día que Brasil lloró

El 16 de julio de 1950, Uruguay remontó en el Maracaná ante casi doscientas mil personas que ya celebraban el título de Brasil. Sebastián, que presume de neutral, reconstruye el partido jugada a jugada, y Paloma añade el papel de España, el origen de la camiseta amarilla y la herida que Brasil arrastró hasta 2014.

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Palabras clave

Estas palabras aparecen en el episodio. En la transcripción, pasa el ratón o toca una palabra marcada para ver qué significa.

el pronósticosustantivo
Lo que se cree o se anuncia que va a pasar, por ejemplo en un partido, con el tiempo o en una enfermedad.
El pronóstico anunciaba sol para todo el fin de semana, pero nos pasamos la excursión bajo la lluvia.
remontarverbo
Recuperarse y acabar ganando después de haber ido perdiendo en un partido o una competición.
Íbamos diez puntos por detrás en el concurso de la radio, pero remontamos con la última pregunta.
la goleadasustantivo
Victoria o derrota con muchos goles de diferencia.
El equipo de mi sobrino perdió el sábado por goleada, ocho a cero, y aun así salieron del campo cantando.
destriparverbo
Contar el final o la sorpresa de una película, un libro o una serie a quien todavía no lo conoce.
No leas los comentarios del vídeo, que alguien ya ha destripado el final de la temporada.
colarseverbo
Entrar en un sitio sin permiso o sin pagar. También, adelantarse a otras personas en una cola.
Un señor intentó colarse en la fila del supermercado y la cajera lo mandó amablemente al final.
rondarverbo
Estar cerca de una cifra, sin llegar a ser un número exacto.
El alquiler de un piso pequeño en el centro ya ronda los mil euros al mes.
torcerseverbo
Empezar a ir mal algo que hasta entonces iba bien.
El viaje empezó de maravilla, pero se torció cuando perdimos el último tren a Oporto.
la broncasustantivo
Reprimenda fuerte a alguien por algo que ha hecho mal. También, una pelea o discusión.
Mi madre me echó una bronca tremenda por dejar la puerta del coche abierta toda la noche.
quedarse heladoexpresión
Quedarse paralizado y sin saber cómo reaccionar por una sorpresa o un susto.
Cuando abrí la factura de la luz y vi el importe, me quedé helado.
con uñas y dientesexpresión
Con todas las fuerzas y sin rendirse, sobre todo al defender algo.
Mi abuela defiende con uñas y dientes su receta de tortilla y no se la cuenta a nadie.
pagar los platos rotosexpresión
Sufrir el castigo o las consecuencias de un error del que también son responsables otras personas.
Los jefes tomaron la mala decisión, pero los que pagaron los platos rotos fueron los becarios.
cargar converbo
Soportar una culpa, una responsabilidad o un peso, a menudo durante mucho tiempo.
Mi hermano pequeño siempre carga con la culpa de todo lo que se rompe en casa, aunque no haya sido él.
la piel de gallinaexpresión
Reacción de la piel, que se llena de pequeños bultos, por el frío o por una emoción fuerte. Se usa mucho con el verbo «poner».
Esa canción me pone la piel de gallina cada vez que la oigo en directo.
dar porexpresión
Considerar algo seguro o terminado antes de que lo sea. Va seguido de un adjetivo, un participio o un nombre: dar por hecho, dar por perdido o dar por campeón.
Ya daba por perdida la cartera cuando un vecino me la trajo a casa con todo dentro.
llevar la contrariaexpresión
Decir o hacer lo opuesto de lo que dice otra persona, a veces solo por el gusto de discutir.
Mi primo le lleva la contraria a todo el mundo en las cenas familiares, aunque en el fondo esté de acuerdo.

¿Lo has entendido?

Elige la respuesta correcta.

1. ¿Por qué, técnicamente, el partido del 16 de julio de 1950 no era una final?

2. ¿Qué se sabe del público que llenó el Maracaná aquel día?

3. ¿Qué hizo Obdulio Varela justo después del gol de Friaça?

4. En el año 2000, ¿con qué comparó Moacir Barbosa lo que había vivido desde 1950?

5. ¿Qué tiene de curioso el origen de la camiseta amarilla de Brasil?

Actividad 1

¿Quién lo dijo?

Completa cada cita con una palabra o expresión de la lista, tal como aparece en el episodio. Después, adivina quién la dijo: ¿Paloma o Sebastián?

1. “Madre mía, eso en una novela se llama el final, y cualquier editor te lo tacharía con rotulador rojo.”

¿Quién lo dijo?

2. “La cifra oficial es de ciento setenta y tres mil ochocientos cincuenta espectadores, pero muchísima gente sin entrada.”

¿Quién lo dijo?

3. “Ahí la cosa , aunque empezamos empatando dos a dos con Uruguay en São Paulo, que tiene su mérito si piensas que luego fueron campeones.”

¿Quién lo dijo?

4. “¿Y en Brasil qué pasó? Porque me imagino que alguien tuvo que .”

¿Quién lo dijo?

5. “A Barbosa lo culparon del segundo gol durante el resto de su vida, y ese partido hasta el final.”

¿Quién lo dijo?

Actividad 2

Palabras que van juntas

Une cada expresión con la palabra o expresión de la lista que suele acompañarla. Dos opciones sobran.

ganar contra todo
perder por
echarle a alguien una
defender el resultado con
ponerle a alguien la

Sebastián nunca olvidará aquel bar de Palermo en 2014 y Paloma prefiere no hablar del cinco a uno contra Holanda. ¿Y tú? Usa una pareja en una frase sobre un partido, una competición o un momento importante de tu vida.

Actividad 3

Tu turno

Paloma deja una pregunta al final: ¿qué pesa más en la memoria de un país, perder por un gol el partido decisivo o sufrir una goleada histórica en semifinales? Responde en cinco o seis frases con algún ejemplo que conozcas, del deporte o de otro ámbito. Usa al menos tres palabras de la lista.

Tu texto se guarda en este dispositivo.

Para mí pesa más perder por un gol el partido decisivo. Una goleada duele muchísimo, pero se asume antes, porque todo el mundo ve que aquel día no había nada que hacer. Cuando un país entero da por ganado un título y el rival consigue remontar en los últimos minutos, la herida queda abierta durante décadas. El Maracanazo lo demuestra: el estadio se quedó helado y Barbosa cargó durante cincuenta años con una culpa que no era solo suya. Además, en esas derrotas siempre hay alguien que acaba pagando los platos rotos, aunque la responsabilidad sea de muchos. Aun así, reconozco que Paloma tiene parte de razón, porque un siete a uno que vio el mundo entero también cuesta mucho olvidarlo.

Transcripción completa

Mostrar la transcripción
Sebastián
Un árbitro inglés pita el final y, en el estadio más grande del mundo, de repente no se oye nada. Casi doscientas mil personas en silencio.
Paloma
¿Ni un solo grito?
Sebastián
Ni uno. Y en medio del césped aparece un señor francés de setenta y seis años con una copa dorada entre los brazos, buscando a quién dársela.
Paloma
¿No había nadie esperándola?
Sebastián
Había un uruguayo. Y el señor llevaba preparado un discurso en portugués.
Paloma
Esto es Aprendos en español, nivel C1. Soy Paloma.
Sebastián
Y yo soy Sebastián.
Paloma
Y ya sé de qué partido vas a hablar, porque se te ha iluminado la cara nada más decir "discurso en portugués".
Sebastián
Calumnias. Hoy vengo como narrador neutral, te lo prometo.
Paloma
¿Un argentino neutral hablando de Brasil y de Uruguay a la vez? Eso quiero oírlo.
Sebastián
Neutral como Suiza. Pero antes te hago una pregunta. Dieciséis de julio de mil novecientos cincuenta, estadio de Maracaná, en Río de Janeiro. ¿Qué necesitaba Brasil ese día para ser campeón del mundo?
Paloma
Ganar la final, supongo, como cualquiera.
Sebastián
Le bastaba con empatar. Y encima, técnicamente, aquello ni siquiera era una final.
Paloma
¿Cómo que no era una final?
Sebastián
Ese Mundial tuvo un formato que no se repitió nunca más, porque después de la fase de grupos los cuatro mejores jugaban una liguilla, todos contra todos. El que sumaba más puntos se llevaba la copa, y el calendario quiso que el último partido fuera justo Brasil contra Uruguay.
Paloma
Y en esa liguilla estaba España, que no se te olvide.
Sebastián
Lo sé, y no te pongas celosa, que a España le llega su turno enseguida.
Paloma
Más te vale.
Sebastián
Brasil venía de golear a Suecia siete a uno y a España seis a uno…
Paloma
Esa parte te la podías haber saltado.
Sebastián
Soy neutral, te lo cuento todo. Uruguay, en cambio, le había ganado a España... no, perdón, empató con España, y después le ganó a Suecia tres a dos, casi al final.
Paloma
Empató. Que conste en acta.
Sebastián
Que conste. Así que Brasil llegaba con cuatro puntos y Uruguay con tres, de modo que con un empate la copa se quedaba en Río.
Paloma
O sea, que la fiesta estaba montada antes de empezar.
Sebastián
Montadísima. Esa misma mañana, según se cuenta, un diario de Río que se llamaba O Mundo publicó una foto de la selección brasileña presentándolos ya como campeones del mundo. Y la gente se lo creía con toda la lógica, porque habían metido trece goles en solo dos partidos.
Paloma
Trece goles... Yo también me lo habría creído.
Sebastián
Y antes del partido, el alcalde de Río, Ângelo Mendes de Morais, dio un discurso en el estadio. Les dijo a los jugadores, más o menos, que en pocas horas millones de compatriotas los iban a aclamar como campeones…
Paloma
Madre mía, eso en una novela se llama el final, y cualquier editor te lo tacharía con rotulador rojo.
Sebastián
Y se cuenta que se habían vendido cientos de miles de camisetas de campeón y que hasta había una marcha compuesta para la celebración.
Paloma
¿Y cuánta gente fue al estadio? ¿Ochenta mil?
Sebastián
Multiplicá por dos, y todavía te quedás corta.
Paloma
¿Más de ciento sesenta mil?
Sebastián
La cifra oficial es de ciento setenta y tres mil ochocientos cincuenta espectadores, pero muchísima gente sin entrada. Las estimaciones las doscientas mil, y alguna habla de bastantes más, así que el número exacto no lo sabe nadie.
Paloma
Eso es más del doble de lo que cabe hoy en el Bernabéu.
Sebastián
Y en la cancha, once uruguayos que, según todos los , iban a hacer de invitados en una fiesta ajena.
Paloma
Vale, pero antes de que sigas, déjame poner a España en el mapa, que nos has despachado con un seis a uno y te has quedado tan ancho.
Sebastián
Dale, contá. Te cedo el micrófono.
Paloma
Resulta que España también jugó en el Maracaná, y no siempre para perder. El dos de julio, en la fase de grupos, le ganamos uno a cero a Inglaterra con un gol de Telmo Zarra…
Sebastián
¿A Inglaterra? ¿A los inventores del fútbol?
Paloma
A los mismísimos inventores. Mi abuelo lo escuchó por la radio en un bar de Lavapiés, y contaba que aquel día abrazó a señores que no conocía de nada. Luego se pasó una semana sin voz.
Sebastián
Me encanta tu abuelo. ¿Y en la liguilla?
Paloma
Ahí la cosa , aunque empezamos empatando dos a dos con Uruguay en São Paulo, que tiene su mérito si piensas que luego fueron campeones. Pero el trece de julio, en el Maracaná, llegó el seis a uno contra Brasil. Y cuando el partido ya estaba decidido, la grada se puso a cantar "Touradas em Madri".
Sebastián
¿Touradas? ¿Corridas de toros?
Paloma
Corridas de toros en Madrid, una marcha de carnaval de un compositor brasileño, Braguinha. Imagínate a unas ciento cincuenta mil personas cantándote eso mientras vas perdiendo por .
Sebastián
¡Qué crueldad! Te juro que eso no lo sabía.
Paloma
Pues apúntatelo, porque tres días después ese mismo estadio se quedó mudo, y a mí me gusta pensar que la venganza también fue un poquito nuestra.
Sebastián
Un poquito muy chiquito.
Paloma
Deja que me consuele. Acabamos cuartos, que fue el mejor puesto de España en un Mundial hasta que ganamos el de Sudáfrica.
Sebastián
Sesenta años esperando.
Paloma
Por cierto, ¿y Argentina? No te he oído mencionarla ni una sola vez.
Sebastián
Argentina... no fue.
Paloma
¿Cómo que no fue?
Sebastián
Se retiró durante la clasificación por un conflicto con la federación brasileña. Y no me preguntes más, que es un tema delicado.
Paloma
Ah, claro. Ahora entiendo tu famosa neutralidad. Es facilísimo ser neutral cuando tu equipo se ha quedado en casa…
Sebastián
Bueno, volvamos al partido, que me estás desviando a propósito. El primer tiempo termina cero a cero, con Brasil atacando sin parar y Uruguay aguantando como puede. Y a los dos minutos del segundo tiempo, Friaça, un delantero brasileño, se escapa por la derecha y marca el uno a cero.
Paloma
Pues se acabó, ¿no? Si con el empate ya les bastaba, con ventaja ni te cuento.
Sebastián
Eso pensaron doscientas mil personas. Y aquí entra mi personaje favorito de toda la historia, Obdulio Varela, el capitán uruguayo, al que llamaban el Negro Jefe. Tenía treinta y dos años y uno de esos caracteres que ocupan media cancha. ¿Qué creés que hizo después del gol?
Paloma
Echarles una monumental a sus compañeros.
Sebastián
Todo lo contrario. Fue a buscar la pelota al fondo de la red caminando despacito, sin ninguna prisa, y se la puso bajo el brazo…
Paloma
¿Con doscientas mil personas gritándole?
Sebastián
Y así se fue a reclamarle al árbitro un fuera de juego que, según casi todos los relatos, no existía. Hasta pidió un intérprete para poder discutir mejor.
Paloma
¿Un intérprete? ¿En mitad del partido que decide un Mundial?
Sebastián
Lo que quería era enfriarlo todo, porque mientras él discutía pasaban los minutos, el estadio se calmaba y sus compañeros recuperaban el aire. Cuando por fin soltó la pelota, dicen que les gritó a los suyos que ahora tocaba ganar.
Paloma
Eso es teatro del bueno. Tu capitán se habría ganado la vida en cualquier escenario de la Gran Vía.
Sebastián
Y antes del partido, en el vestuario, ya había dicho una frase que en Uruguay sabe todo el mundo: "Los de afuera son de palo."
Paloma
¿De palo? ¿Qué quería decir exactamente?
Sebastián
Que el público no juega. Que por mucho que griten doscientas mil personas, en la cancha siguen siendo once contra once.
Paloma
Me la quedo para cuando presente un libro ante un auditorio lleno y me tiemblen las piernas.
Sebastián
Anotala bien, que es patrimonio uruguayo y te van a cobrar derechos de autor.
Paloma
Pues entonces te cuento yo algo de Obdulio que a lo mejor no sabes. ¿Te acuerdas del periódico, el que ya los campeones?
Sebastián
El de la foto.
Paloma
Leí que Obdulio compró un montón de ejemplares y los extendió en el suelo del baño del hotel para que sus compañeros hicieran con ellos lo que quisieran…
Sebastián
¡No te puedo creer! Eso me parece lo más uruguayo que escuché en mi vida.
Paloma
Motivación de vestuario, versión mil novecientos cincuenta.
Sebastián
Y funciona, porque Uruguay empieza a jugar como si el gol le hubiera despertado. En el minuto sesenta y seis, Alcides Ghiggia, un extremo rapidísimo de veintitrés años, se va por la derecha y la pone al centro…
Paloma
Y alguien la empuja.
Sebastián
Juan Alberto Schiaffino, de primera. Uno a uno.
Paloma
Pero con el empate Brasil seguía siendo campeón, ¿no?
Sebastián
Eso es lo más curioso de todo, porque, aunque el título seguía siendo suyo, el estadio , como si ya supiera lo que venía después.
Paloma
Es ese miedo que se huele. Cuando el que parecía muerto se levanta, el público se asusta antes que los jugadores.
Sebastián
Minuto setenta y nueve. Otra vez Ghiggia por la derecha, que deja atrás a su marcador, Bigode, y entra en el área. El portero, Moacir Barbosa, se adelanta un poco porque está convencido de que va a centrar como en el primer gol…
Paloma
Y no centra.
Sebastián
No centra. Dispara bajo, al primer palo, por el hueco que queda entre Barbosa y el poste. Dos a uno para Uruguay.
Paloma
Y ahí llega el silencio.
Sebastián
Ahí llega el silencio. Quedan once minutos, Brasil se lanza con todo lo que tiene, y Uruguay defiende hasta que el inglés, George Reader, pita el final.
Paloma
Y aparece tu señor francés con su discurso.
Sebastián
Jules Rimet, el presidente de la FIFA, el que le dio nombre a la copa. Lo tenía todo pensado para una fiesta brasileña, discurso en portugués incluido, y de repente nada encajaba. Él mismo lo contó después: "Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer."
Paloma
¿Y qué hizo? ¿Buscar a alguien de la organización?
Sebastián
Encontró a Obdulio, le dio la mano y le entregó la copa casi a escondidas, sin decir ni una palabra.
Paloma
Un campeón del mundo recogiendo la copa como quien recoge un paquete en Correos.
Sebastián
Y cuentan que esa noche, aunque los dirigentes uruguayos le habían pedido que no saliera, Obdulio se fue a tomar algo a un bar de Río. Y se pasó horas con brasileños que todavía no se creían lo que había pasado.
Paloma
¿Y nadie lo reconoció?
Sebastián
Eso ya no lo cuentan las crónicas, y prefiero no inventármelo.
Paloma
Qué personaje.
Sebastián
Te hago una confesión. Tengo un amigo de Montevideo que tiene una foto de Obdulio de fondo de pantalla en el móvil. Un día le pregunté si no le daba vergüenza vivir de un partido tan antiguo. Me contestó que los argentinos llevamos toda la vida viviendo de Maradona.
Paloma
¡Te lo tienes bien merecido!
Sebastián
Me dejó sin argumentos. Pero los uruguayos te sacan el Maracanazo en cualquier conversación, aunque estés hablando del tiempo.
Paloma
Tienen dos Mundiales, el de mil novecientos treinta y este. Yo también lo sacaría hasta en la cola del pan.
Sebastián
¿Ves? Ya estás de su lado. Y yo, que soy neutral, sufro en silencio.
Paloma
Neutral... ¿Y en Brasil qué pasó? Porque me imagino que alguien tuvo que .
Sebastián
Los pagó sobre todo el portero. A Barbosa lo culparon del segundo gol durante el resto de su vida, y ese partido hasta el final. En el año dos mil, el año en que murió, dijo algo que te pone la . "En Brasil, la pena máxima es de treinta años de cárcel, pero yo llevo cincuenta pagando por algo de lo que ni siquiera soy responsable."
Paloma
Uf... Eso ya no tiene nada que ver con el fútbol.
Sebastián
Aunque, siendo justos, algo de culpa sí tuvo, porque se adelantó y dejó abierto el primer palo…
Paloma
Perdona, pero no. Llevas diez minutos contándome que Obdulio ganó el partido a base de teatro y de periódicos, y ahora resulta que la culpa es del portero.
Sebastián
Yo digo que en esa jugada se equivocó.
Paloma
Se equivocó en una jugada, igual que los defensas, el entrenador y el alcalde que ya los daba por campeones…
Sebastián
El alcalde, como mínimo, merecía la mitad de la cuenta.
Paloma
Y sin embargo la cuenta se la pasaron entera a una sola persona.
Sebastián
En eso te doy la razón. Aunque cuatro de aquellos jugadores, entre ellos Bigode, no volvieron a jugar nunca con la selección, así que el castigo le tocó a más gente.
Paloma
Pero a Barbosa le tocó la peor parte.
Sebastián
No te lo discuto. Y hay un detalle que parece inventado. En mil novecientos sesenta y tres le regalaron las viejas porterías de madera del Maracaná, que, según se cuenta, eran las de aquel partido. ¿Qué creés que hizo con ellas?
Paloma
¿Quemarlas?
Sebastián
¿Cómo lo sabías?
Paloma
Porque es lo que habría hecho yo. Hay recuerdos que solo se pueden guardar en forma de ceniza.
Sebastián
Se las llevó a su casa y las quemó.
Paloma
Pues algo parecido le pasó a la camiseta, y esa historia me la sé yo.
Sebastián
¿La blanca? ¿La quemaron también?
Paloma
Casi. En mil novecientos cincuenta Brasil jugaba de blanco, y después de aquel partido mucha gente empezó a ver esa camiseta como un símbolo de mala suerte. Así que en mil novecientos cincuenta y tres un periódico de Río, el Correio da Manhã, organizó un concurso para diseñar otra con los colores de la bandera. Lo ganó un chico de dieciocho años, Aldyr Garcia Schlee…
Sebastián
¿Con la amarilla? ¿La canarinho de toda la vida?
Paloma
Amarilla con detalles verdes y pantalón azul, y se estrenó en marzo de mil novecientos cincuenta y cuatro contra Chile. ¿Y sabes de dónde era el chico?
Sebastián
¿De Río?
Paloma
De Jaguarão, en el sur, justo en la frontera con Uruguay.
Sebastián
¡Pará! ¿La camiseta más famosa de Brasil la dibujó un vecino de los uruguayos?
Paloma
Tal cual. Nació del trauma de Uruguay y la diseñó alguien que tenía Uruguay al otro lado del río. Si eso no es literatura, ya me dirás qué es.
Sebastián
Yo no me atrevo a discutirle eso a una editora.
Paloma
Haces bien. ¿Y Ghiggia? El héroe del gol no puede quedarse en el minuto setenta y nueve.
Sebastián
Ghiggia se convirtió en leyenda, y años después lo resumió con una frase que se ha repetido mil veces. "Solo tres personas silenciaron el Maracaná: Frank Sinatra, el Papa y yo."
Paloma
Qué modestia la de ese hombre. ¿Y Sinatra lo silenció de verdad?
Sebastián
Eso no te lo sé decir. La frase es de Ghiggia, y yo no pienso a un uruguayo con su propia frase.
Paloma
¿Y cuándo murió?
Sebastián
Esto es lo más increíble. Fue el último de los dos equipos en morir, con ochenta y ocho años. ¿Adivinás la fecha?
Paloma
No me digas que un dieciséis de julio.
Sebastián
El dieciséis de julio de dos mil quince. Justo sesenta y cinco años después de aquel gol.
Paloma
Venga ya.
Sebastián
Te lo juro.
Paloma
Ningún editor aceptaría ese final, por exagerado. Y sin embargo pasó.
Sebastián
Y Brasil tuvo una segunda oportunidad de curarse la herida. Mundial de dos mil catorce, otra vez en casa…
Paloma
El siete a uno. Ese lo vi en directo.
Sebastián
Ocho de julio, semifinal en el Mineirão, en Belo Horizonte, contra Alemania. Brasil jugaba sin Neymar, que estaba lesionado, y sin su capitán, Thiago Silva, que estaba sancionado. Al descanso ya perdían cinco a cero, porque Alemania les metió cuatro goles en unos seis minutos.
Paloma
Me acuerdo de las caras de la grada, gente llorando con la camiseta amarilla puesta. La de Schlee.
Sebastián
Y los periodistas lo bautizaron como el Mineirazo, por el nombre del estadio y, claro, por el Maracanazo.
Paloma
A ver, yo diría que aquello fue peor. Un siete a uno en semifinales es una humillación, mientras que perder dos a uno en el último partido es mala suerte…
Sebastián
Ahí no estoy de acuerdo, y Ghiggia tampoco lo estaba. Dijo que los dos partidos habían sido traumáticos, pero que no se podían comparar, porque en mil novecientos cincuenta había mucho más en juego.
Paloma
Hombre, él qué va a decir.
Sebastián
Puede ser, pero pensalo un segundo. En dos mil catorce se perdió una semifinal, mientras que en mil novecientos cincuenta se perdió un Mundial que todo el país ya tenía en el bolsillo.
Paloma
Mmm... ahí tienes un punto. No obstante, el siete a uno lo vio el mundo entero por la tele, y eso también pesa.
Sebastián
Y hubo una reacción que me emocionó, porque, según la prensa, la hija de Barbosa dijo que aquella derrota bastaba para limpiar el nombre de su padre.
Paloma
Qué bonito y qué triste a la vez. Tuvieron que pasar sesenta y cuatro años y otra catástrofe para que dejaran de mirarle a él.
Sebastián
Yo aquella semifinal la vi en un bar de Palermo, en Buenos Aires, lleno de argentinos que celebraban cada gol alemán como si fuera propio. Te confieso que en el cuarto ya me daba un poco de pena.
Paloma
¿Pena? Si el señor neutral estaba de fiesta…
Sebastián
De fiesta moderada. Y ahora hacé la pregunta que sé que querés hacer.
Paloma
¿Quién ganó aquel Mundial, Sebastián?
Sebastián
Alemania.
Paloma
¿Contra quién? ¿Y dónde?
Sebastián
Contra Argentina, uno a cero en la prórroga, el trece de julio... en el Maracaná.
Paloma
¡En el Maracaná! Ese estadio tiene memoria, ya te lo digo yo.
Sebastián
Y España, si no me equivoco, se volvió a casa en la fase de grupos después de un cinco a uno contra Holanda.
Paloma
Eso fue un accidente y no pienso hablar del tema.
Sebastián
¿Viste? Los de afuera son de palo, pero se acuerdan de todo.
Paloma
Pues a los de afuera os dejo una pregunta. ¿Qué pesa más en la memoria de un país, perder por un gol el partido decisivo o una goleada histórica en semifinales?
Sebastián
Las respuestas, abajo, y si son uruguayos, les pido un poquito de humildad. La charla entera, jugada por jugada, está transcrita en un PDF gratuito en la descripción.
Paloma
Y si queréis más historias como esta, suscribíos a Aprendos Español.
Paloma
Yo me quedo con Barbosa y sus porterías ardiendo. Un beso a todos.
Sebastián
Chau, Paloma. Y un saludo especial a Montevideo.
Paloma
Y la próxima vez nos cuentas una derrota argentina, señor neutral.
Sebastián
Eso va a necesitar varios episodios y un intérprete.

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